Woodstock, un festival por la paz lleno de violencia

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Cuando nos planteamos ir a un festival a menudo nos perdemos en preparativos y juergas, olvidando la esencia de lo que en realidad son: expresiones de arte.

Poco a poco asistimos a la muerte de los valores tanto en la música como en la sociedad (si se me permite la extensión) y eso lo ves reflejado en todos los festivales que en la actualidad, sobre todo en el periodo estival, acechan cada fin de semana esperando congregar capital.

Dinero y más dinero. Antes los festivales tenían otra esencia, otros sentimientos. La gente se unía bajo ritmos y compases para reclamar sus ideas. ¿Qué nos ha pasado?,¿qué ha sido de todo aquello?. Quizás lo veas más claro con un ejemplo.

Hace 40 años tuvo lugar el festival más famoso de la historia en un canto a la paz y al corazón. Esa era la esencia que unió a muchos grandes artistas de la época como Jimi Hendrix, Santana, Joan Baez o The Who y a un millón de personas, que se reunieron durante tres días por una causa real.

Estamos en 1969, dos años después del “verano del amor”, en pleno movimiento “hippie”, cuando arduas repulsas contra la Guerra de Vietnam alzaban sus voces entre flores, faldas de colores, melenas y amuletos. Cómo me hubiera gustado vivir en esa época (para lo bueno y para lo malo), cuando realmente había unión y la música no era un “top” de los 40, sino un medio para canalizar las expresiones. Pretendían extender el amor y el pacifismo como forma de vida, ¿no te parece lo suficientemente emotivo como para echarlo de menos?

El festival volvió a repetirse varias veces en conmemoración al Woodstock por antonomasia, el de 1969, y en todos ocurrieron cosas alucinantes. El vigésimo aniversario coincidió con un eclipse lunar y el 25 aniversario se conoce como Mudstock (“montón de fango”) por el aguacero que cayó.

Eso es lo que pasa cuando los valores se unen bajo el eco de los acordes, que aparte de crear unión entre el resto de la gente, se crea magia más allá del ocio y la cogorza (que también la hubo, vaya, como que en el primero hubo una muerte por una sobredosis de heroína)

Entonces empezó a hacerse notar la decadencia. El trigésimo aniversario fue una hecatombe y gracias a él nos hemos quedado sin conmemoración que valga para este 40 aniversario que para colmo hubiera caído este fin de semana.

En aquella ocasión, no sé si alguno tuvo la “oportunidad” (por llamarlo de alguna forma) de vivirlo, pero básicamente el panorama mostraba un escenario ardiendo que bien podría ser el icono de la violencia y las violaciones que se llevaron a cabo.

Así que después de aquel desastre este año finalmente no se va a realizar el festival, desde mi punto vista es que ya no tiene sentido. Mejor nos vamos a alguno de los festivales que hay programados que nos lo vamos a pasar igual de bien y eludiremos nuestra responsabilidad con el mundo en el que vivimos… ¿O no?

Si quieres recordar las grandes canciones que se escucharon en el festival, Rockola te lo pone fácil.

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